Cuentan que una vez ocurrió, una bella historia que pasaría de generación en generación. Explican que hubo una vez un jardinero que tenia tres rosas que eran toda su vida. Tanto las mimaba que parecía que le faltaban horas para estar junto a ellas. A la más mayor le llamaba abuela. Le enseño y aconsejo hasta que fue un hombre. La segunda le llamo madre, le debía su vida, la educación y las fuerzas para luchar y la madurez en todos los caminos de la vida.
A la tercera, aunque no era de su sangre, la quería por igual, y le llamo amiga. Porque le debía lo mucho que hizo por él cuando era un niño, dándole cariño, secándole sus lágrimas de miedo y soledad.
Pero toda historia tiene una parte incomprendida por tanto dolor. Un día entró en el jardín y su corazón no pudo resistir lo que vio. Alguien sin escrúpulos había arrancado la rosa amiga y cuenta que desde entonces jamás se le vio reír, aunque aún le quedaba dos, su tristeza iba en aumento, preocupando a las otras rosa, que aunque le animaban y le dieron todo su cariño, no pudieron consolarle.
Aunque nuestro dolor no podamos superarlo la vida continua imparable, y crecemos con dolor o sin él, aunque el recuerdo permanezca a lo largo de nuestra vida.
Como dicen los sabio: “las penas no vienen solas”. un poco tiempo después y, por su edad, la rosa mayor se marchito. Quedando en el jardín solo la rosa, que el llamo madre. Dicen que vivió con ella mucho tiempo, pero jamás olvido sus otras dos compañeras. Fue cuando se marchitó la última se le escuchó decir: “ nunca olvidaré todo el amor que me disteis y la gran enseñanza que aprendí de cada una de ustedes”. Juró que cada día le pediría a dios que encontrara la rosa que arrancaron del jardín de su corazón.
Pasaron los años, para él fue toda una vida recorrida con mil y un camino, más penas que alegría, pero para este hombre, aunque su vida era muy dura, dejaba unos momentos para pensar en la rosa que un día partió obligada del jardín de la ilusión. Pero la vida en muchos momentos nos guarda las más gratas sorpresas. Y más después de pedir tantas veces el reencuentro, con lo que tanta pena le causo.
Un día cuando las esperanzas deja paso al desespero y la desilusión, ves como se abren las nubes y vemos de nuevo el sol. Fue lo que vio a través de sus ojos, sonrisa y sus gestos. La rosa que un día apartaron de él. Volvió a la tierra muy joven, en comparación el jardinero que ya era mayor. Entonces la alegría aparta todas las penas, las palabras brotan como poesía. El jardinero la hablo con tanto cariño y con un amor muy distinto del que puede haber entre un hombre y una mujer. La rosa joven no estaba acostumbrada a tanta admiración, los primero momentos fue de aturdimiento y más por la diferencia de vida que había entre los dos.
Pero poco a poco fue comprendiendo y sus pétalos se fueron abriendo para recibir los elogios. El jardinero ya podía morir tranquilo, había reunido a sus tres rosas, comprendiendo que el amor perdura más allá de la muerte. Y más si tenemos como testigo a dios.
Esta historia no es única, puesto que le habrá ocurrido a miles de personas. Espero que como este jardinero, encontréis vuestra alma gemela o esa rosa que un día arrancaron de vuestro jardín.
Cuando se tiene las cosas tan seguras y creemos mucho en dios, él nos llevara a muchos momentos amargos y a muchos dulces.
Hoy que el jardinero no esta en la tierra tengo la completa seguridad que nunca la olvidara y más sabiendo que en ella se despertó el verdadero amor.
Regaría con mis lágrimas las rosa de mi corazón, para sentir el dolor de la espina y el encarnado beso de sus pétalos.
Que nuestro dios os ilumine y podáis encontrar vuestra rosa en la tierra como la encontré yo. Que la luz ilumine vuestros caminos.